Una verdad, aunque duela

Ante la ola de atentados terroristas y el recrudecimiento del clima de violencia que azota a La Araucanía desde noviembre pasado, en especial su provincia de Malleco, los habitantes de la región, víctimas directas de esta situación, hemos quedado a la deriva y en total indefensión.

 

En medio de esta crisis multidimensional, en que el gobierno perdió la sensibilidad fina con que venía manejando este conflicto social, algunos grupos solo buscan cosechar votos y desacreditar al Gobierno o a Carabineros, sin darse cuenta que con ello cada día se aleja más la real solución al problema.

 

Los hechos demuestran que ha sido una ley de la República la responsable de producir odio entre los chilenos. La Ley Indígena es un cuerpo legal que se ha salido de su marco, generando expectativas exageradas en unos, y profundas frustraciones en otros, pero aún más, una creciente y desesperante pobreza económica y social en La Araucanía.

 

Sin duda alguna esas no fueron las intenciones, ni las aspiraciones de los responsables de discutir y promulgar la ley 19253 en el año 1993. Desde La Araucanía hacemos un llamado al poder legislativo, para que levante la vista y abandone su mirada impávida y centralista, y fije sus ojos en esta región que la está pasando muy mal, debido a la existencia de una ley perversa, que genera diferencias entre los chilenos y desgarramiento social.

 

El Congreso de la República de Chile, en su conjunto, sin buscar mezquinas ventajas políticas, es el responsable de revisar y volver a encausar al verdadero objeto esta ley.

 

Cuando los agricultores estamos por cosechar y recoger el esfuerzo de todo un año, en vez de sentir optimismo y alegría, concebimos inseguridad y decepción. La falta de Estado de Derecho en La Araucanía es evidente, tanto como señalar que esta garantía fundamental para todos los chilenos, es muy distinta en esta región, como en el resto del país.

 

¿Por qué los habitantes de La Araucanía debemos conformarnos con ver destrucción y usurpación de nuestros predios, junto con letreros amenazantes y provocativos en carreteras y caminos rurales? ¿Ese es el futuro que el país desea para los que nacimos y trabajamos en La Araucanía?

 

Los habitantes del sur del país nos merecemos mucho más que una mala ley. Es tiempo de revisar la Ley indígena porque es la real generadora de la pobreza y la violencia en la zona.

 

 

Marcelo Zirotti Kehr

Presidente