problema social.

Un problema social: ¿cómo llegamos a esto?

Hay varias cosas claras en La Araucanía: que el gobierno está al debe con esta región y que, por si fuera poco, crea leyes fanfarronescas —como la Ley Araucanía— sin ni siquiera conocer los problemas de la zona y menos escuchar las propuestas de su gente. 

También está clarísimo que en nuestra región —la más pobre de Chile con un 23.5% de pobreza según la última encuesta Casen— todos los políticos habidos y por haber han dado sus mejores recetas para resolver los problemas urgentes que hoy tenemos.

Lo cierto es que la gente lo único que quiere es que sus problemas se solucionen cuanto antes, pero los de verdad.

Las encuestas hablan por sí mismas: los habitantes de esta región —incluyendo a la población de origen mapuche— quieren trabajo, educación y salud, en los tres primeros lugares, mientras que el asunto de la tierra recién aparece nombrado en un séptimo lugar.

Pero esta historia no es nueva. Lo dijimos por los años 90.

Que la entrada de Chile en la carrera por firmar cuanto acuerdo de libre comercio y tratado de complementación económica que se le ocurrió a la casta de “iluminados”, iba a ofrecer como moneda de cambio a nuestra región, cuya base económica era la agricultura sustituidora de importación. Y así nomás fue.

Que al final del camino La Araucanía se empobrecería. Solo hay que mirar las estadísticas.

Los resultados están a la vista: pobreza, cesantía, casi nada de industrias o inversión privada y, por si no bastara, un terrorismo que nos tiene a todos entre la espada y la pared.

Dicho en español castizo: es el Estado de Chile el que ha causado que estemos como estamos. Nuestra extrema pobreza es el resultado lógico de gobiernos ineptos y políticos neófitos que han pretendido hacer desarrollo en La Araucanía, con políticas equivocadas, insuficientes y más encima fuera de tiempo.

Por eso sus mediáticos debates son una catarsis absurda cuando se pone el acento, por ejemplo, en el número de hectáreas entregadas. Las cifras hablan por sí solas: la Ley Indígena ha gastado más de 372.000 millones de pesos en 20 años en entrega de tierras y, sin embargo, mírese por donde se mire, no hay impacto económico y la pobreza sigue ahí mismo, e incluso aumentando en el mundo rural.

El problema —digámoslo con todas sus letras— es social y no político. 

Se requiere cirugía mayor, no agendas cortas o mesas de trabajo que dejen las cosas igual o peor de como estaban, arreglines más, arreglines menos.

Necesitamos liderazgos que dejen atrás la verborrea política y se arremanguen las mangas para saldar la única deuda que tiene el Estado con los habitantes de La Araucanía, la de habernos tenido olvidados tanto tiempo.

Marcelo Zirotti Kehr 

Presidente 

Sociedad de Fomento Agrícola de 

Temuco, SOFO A.G.