UNA SANTA LECCIÓN

La visita del Papa Francisco a nuestro país y a nuestra región me deja en la retina varias enseñanzas sobre las que no podemos, o mejor dicho, no debemos hacer vista gorda.

Uno no hubiera querido que su visita a La Araucanía se diera en medio de un clima caracterizado por el terror, con helicópteros, iglesias y escuelas quemadas y un carabinero baleado; pero me reconforta que Su Santidad haya sido tan claro y sencillo al hablarnos de frente, pese a toda la presión política de los conocidos de siempre.

Una de las primeras enseñanzas es que debemos cuidar a toda costa nuestra unidad. El Santo Padre nos invita a ser "una nación donde su pluralidad étnica, cultural e histórica exige ser custodiada de todo intento de supremacía".

Más todavía, nos llama a "escuchar a los migrantes que llaman a las puertas con la esperanza de querer construir un futuro mejor para todos" (como los que llegaron hace más de un siglo a nuestra región).

También nos cala hondo su llamado urgente a sembrar la paz a "golpe de vecindad".

Es obvio que se refiere a la violencia que asola nuestro sur. Tan obvio, que nos dice que no se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque "la violencia termina volviendo mentirosa —sí, mentirosa— la causa más justa".

Comparto con Su Santidad, el que "esta unidad clamada por Jesús, es un don que hay que pedir con insistencia por el bien de nuestra tierra y de sus hijos".

El Papa Francisco —como si conociera al dedillo nuestra Araucanía— nos invita también a cuidarnos de la otra forma que toma la violencia: la de "elaborar «bellos» acuerdos que nunca llegan a concretarse" (se nos viene enseguida a la memoria el tironeado acuerdo de reparación a las víctimas de la violencia rural).

Y el que para mí es el mensaje más importante de todos: el llamado a amar a nuestra patria. "Y si ustedes no aman a su patria yo no les creo que lleguen a amar a Jesús y que lleguen a amar a Dios".

Un Papa argentino que nos ruega que demos lo mejor que podamos por nuestro Chile.

Tres mensajes, pero solo una lección.

Una santa lección que, como chilenos bien nacidos, tenemos prohibido olvidar.

Marcelo Zirotti Kehr

Presidente 

                                      Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco A.G.